El turismo es una actividad que aporta emociones a nuestra existencia y el derecho a viajar debe prevalecer sin trabas. El debate se debe centrar en el modelo turístico que pretendemos como país  y es ahí donde  Destinos Con Alma desarrolla estrategias de Turismo Emocional para consolidar destinos de una manera eficaz y eficiente.

El número de viajeros ha experimentado un crecimiento espectacular, cada día nos inundan con datos y nos refriegan los millones de turistas que visitan nuestras ciudades, como si un ciudadano cualquiera fuera el responsable de que el mundo deje de girar por el mero hecho de viajar.

A esas cifras se les achaca la maldad por naturaleza, la imposibilidad de comprar vivienda en el centro de la ciudad, el aumento del precio del alquiler, el deterioro del medio ambiente y un sinfín de cuestiones que quedan relativamente bien en el ideario colectivo pero que nada tienen  que ver con la realidad.

  • El precio de la vivienda y del alquiler

El precio de la vivienda en nuestro país tiene más que ver  con un entramado institucional recaudatorio que pone el suelo a disposición del mercado a cuenta gotas, con el único objetivo de mantener el oportuno lucro institucional y la corrupción de las organizaciones que concurren a las elecciones qué por la existencia de apartamentos turísticos, de Airbnb o del derecho que debe tener todo ciudadano a alquilar lo que le venga en gana, sin que los gobiernos se entrometan.

El gobierno no gasta un euro en facilitar al ciudadano el acceso a la vivienda protegida, salvo en la publicidad engañosa de autopromoción, lo gasta el ciudadano que compra una vivienda libre en la misma unidad de ejecución y que, con su dinero, financia en parte al que adquiere una vivienda protegida.

La prueba está en que el alquiler o precio de la vivienda en España ha aumentado mucho más en ciudades que apenas tienen presión turística; y por otro lado, el centro de las ciudades no es patrimonio de unos pocos.

El problema se fundamenta en una arquitectura institucional diabólica que da como resultado que nuestras ciudades gocen de Planes Generales de Ordenación Urbana obsoletos, incapaces de adaptarse a la evolución natural de la sociedad por sus eternas tramitaciones y que no se corresponden con una sociedad global.

  • Tasificar el turismo

La única solución de nuestros dirigentes es tasificar los productos turísticos, burocratizar la industria existente y poner puertas al campo, limitando la acción emprendedora de los ciudadanos, negando su verdadera responsabilidad: la falta de diligencia y la ausencia de planificación estratégica. Sólo les interesa recaudar.

El resultado es obvio: más burocracia, más limitaciones para los ciudadanos que tienen menos recursos, más dinero para las instituciones y menos riqueza.

La turismofobia tiene su base en el micronacionalismo, forma parte de una corriente que traslada a la opinión pública que esta parte de mi pueblo es la mejor, no contando toda la verdad: es la mejor porque es mía, solo mía y nadie me puede molestar.

Las tasas lo único que van a conseguir es recortar el derecho a viajar de los ciudadanos con menor poder adquisitiva y que el estado siga lucrándose del buen hacer de las empresas.

  • Por un nuevo modelo turístico.

La única respuesta a este movimiento es planificar de forma eficaz el desarrollo de las ciudades para dar respuesta a necesidades globales y profundizar en los valores del turismo, apostar por un modelo más deslocalizado, conectar el establecimiento con el destino, considerar a las personas que intervienen en todo el proceso como el ADN del turismo.

Es necesario reivindicar que viajar es parte de una experiencia y el alojamiento debe jugar un papel predominante en esa ecuación. No puede convertirse en el lineal que alquila una marca de una gran superficie, debe ser capaz de gestionar las emociones del viajero y en ese espacio las personas juegan un papel nuclear.

Destinos con Alma ha nacido para construir esa alternativa. Aportar valor añadido con las personas, profundizar en el anhelo de los viajeros y trabajar para recuperar la dignidad del turismo.

La turismofobia se erradicará cuando el viajero recuerde el establecimiento que le acogió y pase a formar parte de su memoria y los gobiernos dejen de molestar.